Amplía tu Imagen

Desde pequeños los padres  van mandando mensajes tanto explícitos como implícitos de lo que es correcto proyectar y por tanto ser.

Nos dicen básicamente que “debemos ser buenos”. Convirtiendo “el ser bueno” en el adjetivo  calificativo mas buscado en el mundo.

Sin cuestionarnos deseamos ser mirados y admirados como “buenos o buenas”. “Susana es tan buena.”

¿Qué sucede con los demás actuares, sentires y saberes son efímeros e insignificantes?

Analicemos las limitaciones de “ser bueno”. Cuando alguien comenta con orgullo  “Mi esposo es muy bueno”.

Al escuchar dicha aseveración me encuentro con varias lagunas en la información ¿bueno para qué, con quién,  desde cuándo y en qué medida? ¿Acaso ese marido no hace otra cosa aparte de ser bueno?

La limitación entonces podría residir en:

  1. Nuestro escaso vocabulario.
  2. El encasillamiento de las personas en dos categorías “buenas o malas”.
  3. El desconocimiento de otras categorías más abarcativas.

¿Cómo nos diferenciamos unos de otros?

Al describir una persona utilizando más de un adjetivo estamos precisando, destacando y diferenciándolo de los demás por su individualidad.

La gente es negociadora, simpática, mal humorada, exitosa, dadivosa, enigmática, introvertida, sabia etc, si buscamos en  nuestro repertorio de adjetivos encontraremos un sin número de ellos mas abarcativos que  “bueno”. Pensemos en categorías que nos describen en relación con otros, con uno mismo, laboralmente, intelectualmente, físicamente, sentimentalmente etc.

Tanto luchar en la vida, haciendo, deshaciendo, pensando, sintiendo, relacionándolo, para resumirlo en “soy bueno”

¿Qué sucede con los buenos?

La complacencia extrema en la que caemos para merecer el título de “buenos”  limita nuestros deseos. Y la imagen proyectada se encamina más a alguien sin personalidad y falto de carácter.

La complacencia no sirve como currículum, en la vida diaria se requieren de otras acciones para destacar, sobrevivir, negocia, luchar.

Por ejemplo:

En una entrevista de trabajo al entrevistador no le interesa saber si somos “buenos”  enfoca su atención en nuestras cualidades, capacidades, experiencia, saberes y quehaceres.

Si decimos al entrevistador usted debe contratarme porque “soy bueno” Probablemente piense que nos encontramos fuera de realidad y, en un cuento de hadas. Así mismo preguntará ¿bueno para qué?

¿El “ser bueno” te describe por completo o  limita la imagen que proyectas?¿Consideras que existen otros adjetivos que amplían y precisan la imagen que proyectas? ¿Cuáles son?

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